Ayunamos para cumplir las palabras de nuestro Señor Jesucristo: llegarán días en que el novio ya no estará con ellos y, entonces, ayunarán.
Ayunamos por pura supervivencia, para librarnos de los demonios que nos oprimen, porque algunos de ellos solo pueden expulsarse con oración y ayuno.
Ayunamos porque así lo hizo el mismo Cristo en el desierto durante cuarenta días.
Ayunamos porque así lo hicieron Moisés, los apóstoles y los santos de todas las épocas.
Ayunamos recordando que Adán nuestro padre, por comer del fruto prohibido, perdió el paraíso para toda su descendencia.
Ayunamos para proclamar que no solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.
Autor: Bruno Moreno
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