Brigitte comenzó el Camino de Santiago sin saber muy bien por qué. Era atea. Pero un encuentro inesperado le esperaba en la ruta compostelana, según cuenta ella misma en L’1 visible:
Como soy de origen español, voy un día a la oficina de turismo española para seguir los pasos de mis abuelos. La mujer que me precede pide información sobre Santiago de Compostela y, cuando llega mi turno, pido exactamente lo mismo, ¡porque nunca había oído hablar de ello!
Una mañana, cojo el folleto y me digo: “¡Esto es lo que debo hacer!” Es curioso, es como si esa salida me fuese impuesta. Salgo casi sin entrenamiento físico y sin una motivación especial. Estoy acostumbrada a hacer senderismo, eso me basta. Salgo confiada, sin plantearme cuestiones. ¿No hay acaso una parte de misterio en cada viaje?
Enseguida me enamoro del estilo de vida que impone el Camino. La simplicidad:…
Autor: ReL
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