En la fiesta de san Lorenzo, diácono y mártir, el evangelio propone unas palabras de Jesús que definen el modo de seguirle: “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto. El que ama su vida la pierde, y el que odia su vida en este mundo la guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre le honrará” (Jn 12, 24‑26). San Lorenzo, diácono de Roma en el siglo III, administrador de los bienes de la Iglesia y servidor de los pobres, vivió estas palabras hasta el extremo: cuando el prefecto le exigió entregar los tesoros de la Iglesia, repartió los bienes y presentó a los pobres, los enfermos y los marginados diciendo que ellos eran el verdadero tesoro; poco después consumó su martirio en la parrilla.
Autor: Luis Javier Moxó Soto
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