¡Qué ternura me transmite ChicoChico cuando, cada noche, a la hora de dormir, me pide un cuento.
–¡Papi, un cuento!
En realidad, no es un cuento lo que pide, sino un libro que le gusta mucho, un libro para que niños muy pequeñitos aprendan a reconocer los objetos, representados con ilustraciones a todo color.
Al contrario que su hermanito (señor Mario), ChicoChico no sabe lo que es un cuento. Por falta de madurez intelectual es incapaz de seguir una historia. No sabría –no sabe– disfrutar los tesoros escondidos de la presentación, el nudo y el desenlace, no puede empatizar o renegar de los personajes, no conoce muchas de las palabras –se atasca, sobre todo, con los verbos–, no experimenta cambios emocionales con los giros ni entiende la peripecia narrada. En resumen: se pierde entre tantas palabras.
Y, sin embargo, sin saber lo que es un cuento, sabe perfectamente…
Autor: Francisco Rodríguez Criado
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