Cuando era niño, me fascinaba escuchar a mis abuelos hablar de mártires que ellos habían conocido. No en el tiempo de los romanos ni en tierras exóticas de misión, sino ¡en tiempos de mis abuelos y en España! Incluso tenemos en la familia una reliquia de uno de aquellos mártires: un trocito de hueso de un sacerdote ejemplar, que fue a la muerte mansamente, como cordero llevado al matadero.
Eran historias de combate abierto entre la luz y las tinieblas, entre la fe y el mundo, entre la esperanza y la desesperación. Casi como un apocalipsis antes de tiempo. Tiempos de horror y muerte, pero también de fidelidad, heroísmo y gloria.
No me entiendan mal. Soy muy consciente de que el campo de la luz y el de las tinieblas no pueden identificarse por completo con ningún bando en guerra en ningún conflicto humano. Uno de los bandos puede ser muy preferible a otro, como en…
Autor: Bruno Moreno
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