Detrás de la iconoclasia hay siempre odio a la Belleza: un odio a veces incendiado de codicia, a veces disfrazado de coartadas ideológicas, incluso filantrópicas, estéticas o religiosas; pero odio siempre, a fin de cuentas. La iconoclasia es, tristemente, un rasgo constitutivo de la historia humana: allá donde los hombres han estado, han dejado testimonio de su paso por la tierra creando arte, pero también destruyéndolo. Y quizá no haya expresión más nítida del carácter contradictorio de nuestra naturaleza que esta doble pulsión creadora y destructiva, que es apetencia de luz y de tinieblas, amor y odio a la Belleza amalgamados de manera misteriosamente indisoluble.
Alguien podría elaborar una historia del arte que atendiese a la periódica ansia iconoclasta que acomete a las comunidades humanas, no sólo a las más atrasadas o bárbaras, sino también a las más…
Autor: Juan Manuel de Prada
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