Una vez más se cumple aquello de que Dios escribe recto sobre renglones torcidos. Novios durante nueve años, a punto de casarse y en un instante todos los planes se desmoronan: uno acaba siendo sacerdote y la otra monja de clausura. El diario El Debate se hace eco de un curioso testimonio de vocaciones algo «escondidas».
Angelo Ragosta es sacerdote en Mühlacker (Alemania) y sor María Giuseppina del Amor Encarnado es monja de clausura en Nápoles. Los dos se conocieron el 29 de diciembre de 1996 en una parroquia de Portici, en la provincia de Nápoles (Italia), en plena adolescencia. Angelo tenía 16 años, y sor María, por aquel entonces Paola, 15.
Un sacerdote cambió sus planes
«El primer año, como siempre, fue de tiras y aflojas, siempre era yo el que se dejaba, pero después del primer año fuimos viento en popa hasta octubre de 2005, casi nueve años», cuenta Angelo en
Autor: Juan Cadarso
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