Desgraciadamente, existe una piedad usurera y contable que se dedica a envenenar las almas con la ponzoña de la desesperación. Es esa teología de Jansenio, el voluntarista, o de Calvino, que pretende medir la misericordia divina con el rasero del burócrata, y que susurra al oído del penitente: «¿Otra vez aquí? ¿Otra vez la misma miseria, el mismo vicio, la misma mochila podrida sobre tus espaldas?». Nos repiten, hasta la náusea y la asfixia, que jugar así con la Gracia es una mofa, que si no ponemos «más de nuestra parte» estamos acumulando chatarra moral para el Cielo.
Autor: Francisco Segarra
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