A finales del siglo XI, la península ibérica era un mosaico de reinos, credos y fronteras. En ese contexto, el reinado de Alfonso VI de Castilla y León marcó un punto decisivo en la historia cristiana de España. Su empresa no fue solo militar o política: fue, sobre todo, una obra de restauración espiritual.
Entre sus conquistas, la toma de la villa de Mayrit (Madrid) tuvo un significado más profundo que el puramente estratégico. En 1083 —según la tradición—, el monarca logró recuperar la ciudad, hasta entonces musulmana, y quiso dedicar su victoria a la Virgen María, consagrando así no solo una plaza fuerte, sino un corazón que volvía a latir con fe cristiana.
La Virgen escondida: símbolo de una fe custodiada
Las crónicas medievales narran que, antes de la invasión islámica, los cristianos de Madrid ocultaron una imagen de la Virgen dentro de las murallas para…
Autor: INFOVATICANA
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