Y Dios es amor, es decir, alegría, confianza, paz y mucho humor, que es la expresión máxima y más desbordante de la alegría. Por tanto, tomarse en serio, tan en serio la vida, es caer en ese derrotismo de los intelectuales y de los escritores que están al servicio de la propaganda política oficial que anuncia el fin del mundo cada fin de semana: o al estúpido servicio de su propio ego dubitativo, al estilo de Woody Allen, «ego» del que se empeñan en no escapar. Por otra parte, Woody Allen es de aquellos que, lobo disfrazado de cordero, barniza el nihilismo más cínico con el tinte del humor. No hay mayor sacrilegio ni mayor ofensa a Dios que negar la verdadera alegría por resentimientos inconfesables.
Autor: Francisco Segarra
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