Todo el que conozca la historia de la cultura occidental, en concreto la europea, siente un gran respeto y estima por la palabra “monacato”. Desde que San Basilio en Oriente y San Benito de Nursia en Occidente crearon los primeros monasterios para unir en comunidad –bien regulada por las dos Reglas que ellos escribieron– a los santos varones que cultivaban en una ascética soledad su vida espiritual, los monasterios se distinguieron en multitud de lugares por su actividad no sólo religiosa, sobre todo litúrgica, sino también social y altamente cultural.
Autor: Alfonso López Quintás
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