En este recorrido de semanas anteriores por grandes figuras medievales que allanaron el camino para la revolución científica, hemos pasado primero por la Universidad de Oxford y luego por la de París. En la capital francesa, Jean Buridan desarrolló la teoría del ímpetu, precursora de la ley de inercia, y tuvo un discípulo aventajado: Nicolás Oresme (1325-1382). Fue matemático, filósofo, economista, físico y traductor. Incluso destacó en teología y llegó a ser obispo de Lisieux.
Autor: Ignacio del Villar
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