El nombramiento de Sarah Mullally como futura arzobispo de Canterbury —que deberá formalizarse a finales de enero— se hunde antes incluso de llegar a puerto. Y no por un simple error de comunicación ni por una polémica menor, sino porque vuelve a quedar al descubierto la profunda descomposición moral e institucional de la iglesia anglicana de Inglaterra.
Conviene recordar el contexto: Mullally fue presentada como la gran respuesta “renovadora” a los escándalos sexuales que sacudieron al anglicanismo británico, muchos de ellos protagonizados o tolerados por clérigos varones. Su elección como primera mujer en ocupar la sede de Canterbury fue vendida como símbolo de ruptura con el pasado y como garantía de una nueva cultura de transparencia. Hoy, ese relato se desmorona.
De solución simbólica a nuevo problema
La futura primada de la Iglesia de Inglaterra debe dar…
Autor: INFOVATICANA
Milagros Eucarísticos de los últimos años
Probar la existencia de un milagro como tal puede ser una ardua labor que ha asumido la ciencia a fin de darnos respuestas. Uno de los milagros eucarísticos que más evidenciamos…..
Cómo afirmar la veracidad de los evangelios
Hay una técnica muy utilizada por los detectives para encontrar información que les ayude a armar el cuadro completo de una escena, es el Soporte Involuntario entre Testigos. Esta técnica…
Los 12 pasos que nos llevan a la esclavitud del orgullo, según San Bernardo
El orgullo adopta muchas formas y nos conduce sutilmente hacia la ruina espiritual. Descubre en este artículo los 12 pasos que nos esclavizan al orgullo, tal como los describe San Bernardo….



















