En el último día hemos visto cómo, una vez más, una palabra ha encendido una tormenta dentro de la Iglesia: «corredentora». Algunos la defienden con pasión, otros consideran que es equívoca y pastoralmente dañina. Y el reciente documento del Dicasterio para la Doctrina de la Fe ha señalado algo que ya venía indicando el Magisterio desde hace décadas: la expresión, tal como se recibe hoy, puede llevar a confusión.
Autor: Tote Barrera
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