Hay dolores ante los que las palabras pierden consistencia. La enfermedad que altera una familia, la muerte de un hijo, una ruptura que parecía inimaginable, la soledad de quien cuida a alguien amado, el fracaso que desordena todos los planes. En esos momentos, las fórmulas rápidas pueden ser una forma de abandonar. Decir «todo pasa por algo» o «Dios sabe lo que hace» puede sonar piadoso y, sin embargo, dejar más solo al que sufre.
Autor: Luis Javier Moxó Soto
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