Por el Rvdo. Peter M.J. Stravinskas
El dogma de la Asunción de María, celebrado el 15 de agosto, enseña que la Madre del Señor fue llevada al Cielo, en cuerpo y alma, puesto que ningún signo de corrupción debía tocar el cuerpo de quien llevó en su seno al Mesías. Los cristianos creemos en “la resurrección de la carne”. Y la doctrina de la Asunción no hace más que afirmar el reconocimiento de Dios a la dignidad de María, anticipando (desde nuestra perspectiva humana del tiempo) la plenitud de la salvación, como Madre de Cristo y Madre de la Iglesia.
Esto tiene una dimensión tanto cristológica como eclesiológica. La recompensa de María es fruto de su maternidad divina. Asimismo señala hacia la resurrección de los muertos, que es la esperanza de toda la Iglesia. Los privilegios de María son promesas. Lo que Dios ha hecho en ella, está dispuesto a hacerlo con…
Autor: The Catholic Thing
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