Mi familia ha sido de mucha conversación. Las tertulias en casa de mi abuela primero y de mi madre después eran de lo más entretenidas. Allí todo el mundo opinaba de todo, fueran superficialidades o cosas importantes. Tanto debate nos enseñó a discutir sin pelearnos, a llevarnos la contraria a morir para después reírnos juntos de cualquier cosa, a aceptar argumentos mejores que los propios, a rectificar y a formar nuestras opiniones.
Autor: Carmen Cabeza
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