Estamos en mayo, mes de la madre, mujer que, con dedicación, sacrificio y ternura; engendra vida, la custodia y la moldea. Desafortunadamente, la imperante mentalidad materialista ha llevado a que muchas madres estén más preocupadas por dar a sus hijos todo tipo de «oportunidades» que en formarlos cristianamente. De ahí que, mientras los hijos tengan éxito a la manera del mundo, a muchos padres no les preocupa que: tengan relaciones prematrimoniales, siempre que sea por «amor»; usen anticonceptivos, a fin de esperar el momento adecuado; se divorcien y busquen una nueva pareja, con tal de que sean felices. Así, ocupados en la importante tarea de preparar a nuestros hijos para su futuro en este mundo, olvidamos que su destino eterno es, infinitamente más importante. «Porque ¿de qué sirve al hombre, si gana el mundo entero, mas pierde su alma?» (Mt16, 26).
Autor: Angélica Barragán
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