Por: Mons. Alberto José González Chaves
Cuando el 2 de febrero de 1904, año primero de su pontificado, San Pío X publica la encíclica Ad diem illum laetissimum, con ocasión del 50º aniversario de la definición dogmática de la Inmaculada Concepción, pretende mostrar que el dogma proclamado por Pío IX pertenece al núcleo mismo del misterio cristiano y que María ocupa, por designio de Dios, un lugar necesario en la economía de la salvación. La Inmaculada Concepción no es presentada como un privilegio aislado ni como un honor personal, sino como una clave decisiva para comprender la Redención y la vida de la Iglesia.
El Papa sitúa dentro del plan eterno de Dios a María, preservada de toda mancha de pecado original desde el primer instante de su concepción y enriquecida con la plenitud de la gracia, lo que significa no solo una santidad excepcional, sino una…
Autor: INFOVATICANA
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