Tres fueron los enemigos que, desde el origen, hicieron del hombre un cautivo: el pecado, la muerte y el demonio. Tres heridas abiertas en la historia humana, tres cadenas invisibles que, desde Génesis, han marcado el corazón del hombre con una inclinación a la ruptura, a la disolución y a la mentira. No se trata de realidades abstractas, sino de poderes que han configurado la existencia concreta de cada persona, como una herencia que no elegimos, pero que experimentamos. El pecado oscurece la inteligencia y debilita la voluntad; la muerte se cierne como horizonte inevitable; el demonio susurra la mentira que aleja de Dios. Y así, el hombre, creado para la comunión, se descubre dividido en sí mismo, temeroso ante el final y vulnerable ante el engaño.
Autor: Jesús María Silva Castignani
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