
Hay países enteros donde nadie se arrodilla en la consagración. No por falta de espacio, ni por enfermedad, ni por distracción: simplemente porque ya no se hace. Las conferencias episcopales lo aprobaron hace décadas, las iglesias retiraron los reclinatorios y los fieles se acostumbraron a contemplar de pie —o incluso sentados— el momento más sagrado de la Misa.
Sucede en Francia, donde casi nadie dobla la rodilla desde los años setenta. Sucede en Alemania, donde el gesto se ha sustituido por una leve inclinación. Sucede en Países Bajos, donde ya no hay ni reclinatorios. Y sucede en buena parte de la Europa occidental descristianizada, donde el hombre moderno no se arrodilla ante nada ni ante nadie… salvo ante el Estado o la moda.
Mientras tanto, en Polonia, España o Croacia, el pueblo fiel sigue -aunque lamentablemente cada vez menos- cayendo de rodillas ante la…
Autor: INFOVATICANA
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