Mientras fuera del Valle de Cuelgamuros continúan los debates, las interpretaciones históricas y las controversias políticas, dentro de la basílica sucede cada día algo mucho más sencillo y, al mismo tiempo, mucho más antiguo. Varias veces al día el canto gregoriano vuelve a elevarse bajo la gran bóveda del templo; los salmos se suceden siguiendo el mismo orden que la tradición benedictina ha transmitido durante siglos; y la Santa Misa se celebra con la sobria solemnidad propia de la liturgia monástica. Esa oración constante, que rara vez aparece en los titulares ni forma parte del ruido público, constituye sin embargo el corazón mismo de la vida del Valle.
Autor: Mercedes Montoro Zulueta
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