Nos parece hoy en día impensable -especialmente a la gente más joven- imaginar un mundo como el de nuestros abuelos (o bisabuelos, en algunos casos), en el que el cómputo del tiempo, parcial o total, diario o anual, se realizaba sin relojes ni calendarios. Resulta tarea más que ardua intentar explicar a los mozalbetes de hogaño que la gente se guiaba por las campanas de iglesias o conventos -del pueblo o del vecindario- para saber en qué momento del día vivía. O que cifraban las fechas dignas de recordar, no por número de día y mes (“tú naciste el 13 de octubre…”), sino por unos santorales (“nos casamos tu padre y yo por San Andrés…”) que no necesitaban de almanaques colgados en las paredes o metidos en las carteras… y menos en el móvil… porque se recordaban de memoria.
‘El Ángelus’ (1859) de Jean-François Millet: un alto en el trabajo ante la…
Autor: Ignacio G. Pérez de la Sota
Milagros Eucarísticos de los últimos años
Probar la existencia de un milagro como tal puede ser una ardua labor que ha asumido la ciencia a fin de darnos respuestas. Uno de los milagros eucarísticos que más evidenciamos…..
No celebres Halloween, sino quieres rendir a Satán sin saberlo.
Holywins, es la alternativa al culto a los demonios que celebramos cada primero de noviembre Tal vez muchos de nosotros hemos celebrado Halloween cuando éramos niños, porque nos parecía divertido…
Cómo afirmar la veracidad de los evangelios
Hay una técnica muy utilizada por los detectives para encontrar información que les ayude a armar el cuadro completo de una escena, es el Soporte Involuntario entre Testigos. Esta técnica…



















