Dicen que donde más se nota una homilía improvisada es en que el predicador no sabe terminar. Empieza como puede, sigue dando vueltas a lo ya expuesto, unas generalidades por aquí, otras por allá, unas pocas más por acullá… y no consigue rematar faena de forma más o menos digna. Y, encima, muy posiblemente, se eterniza para no decir nada.
Las homilías bien preparadas, no escritas, que eso sí que no, tienen un esquema de predicación a base de notas o al menos con una estructura pensada que permite un inicio que llame la atención, un desarrollo que sigue unos puntos bien peparados y finaliza con una síntesis, compromiso o interrogante de cara al futuro.
El sínodo sinodal mucho me temo que se nos esté conviertiendo en una mala homilía que nadie sabe cómo dar por acabada. El núcleo se supone que duraba tres años: 2021 – 2024, pero ahora no hay quien ponga su…
Autor: Jorge González Guadalix
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