Por Robert Royal
Cuando las grandes personas que has conocido mueren, su influencia sobre ti adopta una forma distinta. Padres, familia extensa e incluso sus amigos —si has tenido la suerte de contar con ellos en estos días turbulentos— asumen un estatus casi mitológico. No necesitábamos a Freud ni a Jung para explicarlo. La mayoría ya lo sabíamos en lo más hondo. Gran parte de la vida posterior se convierte así en una serie de comienzos y detenciones en conversación con personas muertas y olvidadas, luego recordadas, una y otra vez, mientras avanzamos por nuestros propios días polvorientos.
T. S. Eliot lo expresó con total precisión en «Little Gidding»:
lo que los muertos no tuvieron palabras para decir, estando vivos,
pueden decírtelo, estando muertos: la comunicación
de los muertos está articulada con fuego más allá del lenguaje de los vivos.
Autor: The Catholic Thing
Ex ateos que comprobaron que Dios, tiene un plan perfecto para cada uno de nosotros
Muchas veces Dios espera y actúa sobre nosotros a través de terceras personas o sucesos que pueden parecer muy sencillos y no llaman nuestra atención. Y en realidad, su plan…
Articulo Juan Manuel de Prada ‘Un Poco de Paciencia’
Terminábamos nuestro artículo anterior con una observación muy atinada de Concepción Arenal, que nos alertaba sobre los males más pavorosos, que no son los que «las leyes condenan y la…
La Nueva Era, una secta de cuidado
El reiki y la Nueva Era (New Age), se han extendido cada vez más por la sociedad buscando el bienestar físico y mental que producen. Conoce todos los detalles y…



















