Cuando leo y releo a P.G. Wodehouse el sol brilla en mi alma y todo vuelve a ocupar su tierno espacio en el mundo. Porque el mundo es un teatro más bien cómico donde las hormigas humanas se empeñan en exagerarlo todo: desde su propio tamaño, al tamaño de las tragedias y de los dramas que siempre acaban muy bien, es decir, con la muerte y la magnífica vida eterna junto al genial autor de la obra, el Dios eternamente simpático y risueño que las hormigas tratan de deformar con máscaras oscuras y justicieras.
Autor: Francisco Segarra
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