La expectación por la elección del nuevo Santo Padre es la negación de la laicidad y la separación de Iglesia y Estado. No es que lo niegue yo: lo hace la total y absoluta unanimidad de los medios de comunicación que estuvieron ayer pendientes de la primera humareda del cónclave, incluso con más insistencia y fascinación que cuando Donald Trump fue reelegido presidente de los Estados Unidos. ¿Cuántas divisiones tiene el Papa?, preguntó Stalin. La respuesta es la Historia moderna de Europa, surgida del final de la Segunda Guerra y la caída del Muro.
Autor: Salvador Sostres
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