En los momentos de dificultad, insensibilidad y aridez, el alma debe recordar las consolaciones en las que sintió el amor de Dios y perseverar.

Redacción (01/03/2026 10:40, Gaudium Press) Aunque hoy en día casi todas las embarcaciones son propulsadas por motores, todavía se puede ver esta escena: pescadores siempre al acecho de vientos favorables que faciliten su labor.
Cuando estos no llegan, solo queda una salida: remar.
De una observación cotidiana como esta podemos extraer una lección para esta liturgia dominical.
Muchas veces, el barco de nuestra alma encuentra vientos de alegría que lo hacen avanzar velozmente, casi volando sobre las aguas de la vida espiritual; momentos en que sentimos el Amor Divino soplar a través de gracias sensibles. Otras veces, la nave de nuestro espíritu se enfrenta a quietudes desoladoras, nada se mueve, y el calor del sol se hace sentir. Si…
Autor: Saul Castilblanco Mosos
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