(ZENIT Noticias / Madrid, 05.01.2026).- Llegan los meses más fríos del año y muchas comunidades contemplativas evitan el uso de la calefacción para reducir gastos. El frío que soportan es tan severo que resulta difícil de imaginar y puede afectar seriamente a la salud de monjas y monjes.
Durante el invierno, el gasto de la calefacción se suma al resto de costes mensuales de los monasterios y conventos que, además sus gastos habituales, suelen afrontar gastos de obras, reparaciones o arreglos inevitables. Ante esta situación, la encrucijada es clara y la decisión habitual pasa por reducir el único gasto que resulta “evitable”: no encender la calefacción o encenderla lo mínimo posible.
La encienden donde es imprescindible, como la habitación de las hermanas enfermas o de las más mayores; en el refectorio mientras comen; y en el coro mientras rezan pues allí es donde…
Autor: Redacción Zenit
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