Por Jayd Henricks
El asesinato de Charlie Kirk no fue solamente el de una mente brillante, un esposo y un padre; fue un intento de asesinar la verdad. Fue un intento de destruir un movimiento de jóvenes adultos comprometidos en el discurso público sobre las verdades esenciales de la humanidad. Y fue también un intento de acabar con la civilidad.
Esto no quiere decir que todo lo que Charlie decía fuera cierto; no creo que eso pueda afirmarse de ninguno de nosotros. Pero Charlie Kirk se adentraba en la arena de las ideas con más valentía, profundidad, cortesía y fe que casi cualquier otra persona en el espacio público actual, y por eso tenía un seguimiento tan fuerte entre los jóvenes. Era distinto.
Hasta donde pude ver, no utilizaba el lenguaje incendiario tan común en el discurso público de hoy. Era, sin duda, un conservador firme y un hombre de fe genuina, con…
Autor: The Catholic Thing
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