Miro por la ventana y veo a un hombre vestido enteramente de negro, a excepción de unos calcetines blancos; una joven con pantalones y un top ajustados; un chico con unos pantalones grises que parecen de pijama; otros dos con unas zapatillas que, hace no tantos años, solo se usarían para hacer deporte; camisetas sin forma; zapatos poco agraciados; ropa poco acorde con el tiempo. Ninguno llama la atención por su presencia. Todo resulta insípido, improvisado, indiferente.
Autor: Carlos Fraga de la Viesca
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