Cada vez que aparece una noticia sobre un sacerdote enredado en escándalos de drogas, homosexualidad o abusos —ya sean sexuales, de poder o de conciencia—, el golpe no cae solo sobre el implicado. Cae sobre todos. Cada titular manchado, cada caso de corrupción, cada imagen del clérigo esposado o degradado deja una huella que se proyecta sobre miles de sacerdotes que tratan de vivir su vocación con entrega, austeridad y amor sincero al pueblo de Dios.
Autor: Jesús María Silva Castignani
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