Existe una idea bastante extendida —aunque pocas veces se diga en voz alta— de que la santidad pertenece a otro tipo de vida, a otro ritmo, a otra vocación. Como si fuera algo reservado a quienes “se dedican a Dios”, mientras el resto nos movemos en una especie de terreno neutral donde lo espiritual apenas roza lo cotidiano. Y, sin embargo, la intuición cristiana —expresada con fuerza por San Josemaría Escrivá— desmonta esa división con una afirmación tan sencilla como exigente: Dios te espera en tu trabajo.
Autor: Matilde Latorre de Silva
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