La desaparición de la URSS entre 1988 y 1991 permitió a la Iglesia Ortodoxa Rusa salir de décadas de persecución estatal. Sin embargo, su autonomía real frente al Kremlin sigue siendo cuestionada. Bajo el liderazgo prolongado de Vladímir Putin, la conexión entre Iglesia y poder político se ha reforzado, mientras la religiosidad efectiva entre los rusos permanece débil.
Millones de fieles en el papel, pero con escasa práctica
La Iglesia Ortodoxa Rusa afirma contar con 110 millones de miembros en el mundo, 95 de ellos en Rusia. No obstante, encuestas como las del Pew Research Center o la Fundación de Opinión Pública rusa revelan que la asistencia regular a los oficios es mínima y que solo una fracción de los autodenominados ortodoxos reza o considera importante la religión en su vida.
El debilitamiento se agudizó con la fractura de la Iglesia Ortodoxa…
Autor: INFOVATICANA
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