La fiesta nacional de Francia, el 14 de julio, conmemora dos importantes acontecimientos revolucionarios: la simbólica toma de la Bastilla (1789) que marca el fin de la monarquía absoluta y, la Fiesta de la Federación (1790), signo de la unión de la nación francesa. Dicho día es celebrado con bombo y platillo, no solo en el país galo sino en varias otras ciudades, como el inicio de la liberación del “pueblo” frente a la “tiranía” sostenida por el trono y el altar. Muchos desconocen que, en realidad, dicho movimiento dirigió una cruenta y feroz persecución contra los católicos. Pues la revolución que, bajo el lema Libertad, igualdad y fraternidad, prometiese construir el paraíso en la tierra, sembró, con sus terribles crímenes y encarnizadas batallas, el caos, la violencia y el terror.
La revolución (dirigida en su mayoría por nobles, intelectuales y…
Autor: Angélica Barragán
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