Sin Dios, el hombre está perdido filosófica y existencialmente. Su existencia es un camino de perdición, su filosofía es presa de la desorientación, su sabiduría es caótica, y su religiosidad es catastrófica. El hombre no puede hacer desaparecer (ni tan siquiera apartar de su vida) la religiosidad, la referencia sacral es indefectible. A lo largo de la Historia siempre hubo un culto socialmente establecido en torno a una realidad, ficción o fantasía con proposición de eternidad. La experiencia de lo sagrado anda siempre presente.
Autor: Eduardo Gómez
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