En tiempos de confusión doctrinal y crisis eclesial, resurgen con fuerza las palabras de quienes, mucho antes de nosotros, parecieron advertir lo que ahora contemplamos con nuestros propios ojos. Una de esas almas privilegiadas fue Marie-Julie Jahenny, mística bretona nacida en 1850 y fallecida en 1941, considerada por muchos como la gran profetisa de Francia.
Educada en la fe viva del pueblo bretón, ingresó muy joven en la Tercera Orden franciscana y ofreció su vida en reparación por los pecados del mundo. A los veintitrés años recibió los estigmas de Cristo, que conservaría hasta su muerte, junto con otras señales del sufrimiento redentor: las llagas de la corona de espinas, las marcas en los hombros y las heridas de los azotes. Durante décadas, según múltiples testimonios médicos, sobrevivió únicamente con la Sagrada Eucaristía.
Marie-Julie fue también una voz…
Autor: INFOVATICANA
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