Cada año, la Pascua de Resurrección irrumpe en la vida del creyente como una luz que no deja indiferente. Después del silencio de la Cuaresma y la intensidad del Triduo, el anuncio de que Cristo ha resucitado no es solo una proclamación litúrgica: es el centro de todo. Y, sin embargo, esa claridad que lo ilumina todo parece desvanecerse con rapidez cuando regresamos a las prisas, a los horarios y a la inercia de lo cotidiano.
Autor: Matilde Latorre de Silva
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