Para aquellos que hemos sido con frecuencia el hermano mayor de la parábola del Hijo Prodigo, la Palabra estuvo siempre cerca de nosotros, en la Biblia o en el magisterio de la Iglesia, pero hubieron de pasar muchos años para que se convirtiese en misión, en faro, en fuerza de Dios. Porque solo Él puede servirse de la fragilidad e incapacidad más absolutas, y usarlas como instrumento de su Gracia («Quien a vosotros escucha, a mí me escucha», Lc 10, 16).
Autor: Herminia Navarro
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