Se apagaron las luces no imprescindibles en el Vaticano para celebrar el Día de la Tierra. El simbolismo no podía ser más perfecto y ominoso.
Los ritos, ya se sabe, no son importantes. Salvo, naturalmente, que hablemos de los ritos que simbolizan alguno de los mitos principales de la religión secular: esos nos obligan a todos, empezando por la Santa Sede, que da ejemplo.
Así, este pasado domingo la Basílica de San Pedro se oscureció para la Hora del Planeta. Porque en Alemania y un poco por todas partes es tendencia negar la doctrina perenne de la Iglesia, pero poner en duda los dogmas de la modernidad es anatema.
La Hora del Planeta es un ritual que se remonta al lejano 2007, cuando más de 2,2 millones de australianos se mantuvieron voluntariamente a oscuras durante 60 minutos para expresar su preocupación compartida por ese «cambio climático» que, como la Parusía,…
Autor: Carlos Esteban

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