Hace unos años tuve la gran providencia de Dios de poder ir a Tierra Santa. Fue un viaje inolvidable. Pude estar en los mismos sitios por lo que piso Jesús. Pero hubo un sitio entrañable en Belén, que me cautivó: la cueva de los pastores. Pudimos alabar y bendecir a Dios, en el mismo espacio en que el ángel se apareció a los pastores anunciándoles el nacimiento del Jesús. Ellos iban a ser los primeros testigos del acontecimiento que ha cambiado la historia de la humanidad, y que es la salvación para cada hombre y mujer, pequeño y mayor, pobre y rico. En definitiva, Dios ha entrado en tu historia, en la que puede haber tristeza y gozo, alegría y pena, amor y desconfianza, para darle una plenitud nueva.
Autor: Belén Sotos
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