La muerte, que era la desesperación del pagano, ha sido siempre uno de los puntos fuertes del cristiano. Siendo así que todos vamos a morir, y que la otra vida es para siempre, la Iglesia ha hecho un especial hincapié a lo largo de la historia en lo que viene después. Hasta ahora.
“Muerte, juicio, infierno y gloria, ten, cristiano, en la memoria”, se solía decir. En la Salve llamamos a esta vida “valle de lágrimas”, lo que no es exagerado, y Santa Teresa la consideraba “una mala noche en una mala posada”. La Iglesia Militante -nosotros, aún sobre la tierra- peregrina en esta vida teniendo como meta la otra vida, “que es morada sin pesar”, y tiene todo el sentido del mundo que, siendo así, el clero predicase a menudo sobre los llamados Novísimos, es decir, las realidades últimas.
Pero, ¿cuándo fue la última vez que oyó usted en una homilía al uso hablar…
Autor: Carlos Esteban

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