En 1963, la Constitución Sacrosanctum Concilium, promulgada por el Concilio Vaticano II en 1963, propuso una renovación de la liturgia para adaptarla a las necesidades pastorales de la época. El objetivo era hacer la liturgia más comprensible y participativa para los fieles. Sin embargo, Sacrosantum Concilium no pretendía “imponer una rígida uniformidad en aquello que no afecta a la fe o al bien de toda la comunidad, ni siquiera en la Liturgia”, sino “aceptar variaciones y adaptaciones legítimas”, con tal que se pudieran “armonizar con el verdadero y auténtico espíritu litúrgico”.
Autor: Álvaro Fernández Texeira Nunes
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