La liturgia actúa eficazmente con la acción del Espíritu Santo. Es el obrar de Dios en las almas, transformándolas, agraciándolas, santificándolas.
La liturgia, con sus ritos y plegarias, con el año litúrgico y la proclamación de la Palabra divina, no sólo nos recuerda a Jesús con un memoria subjetiva, sino que hace presente a Jesucristo con su fuerza y su gloria, uniéndonos a Él, por fe y por amor, y al unirnos a Cristo, la liturgia nos va transformando en Él, asimilando en Él, para que sea Cristo quien viva en nosotros y no ya nosotros mismos.
La liturgia no hace otra cosa que reproducir, actualizar e imitar sacramentalmente en nosotros la vida de Jesús, para hacernos conformes a la imagen del Hijo de Dios (López Martín, J., En el espíritu y la verdad, Vol. I, Salamanca 1987, 382). Es decir, la liturgia nos pone en contacto con los misterios de…
Autor: Javier Sánchez
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