La indulgencia, los excesos o la rimbobante decoración derivada de las celebraciones navideñas que inundan el ambiente en Reino Unido durante estos días no siempre han contando con el beneplácito de la clase política.
Quizá una de las consecuencias menos analizadas de las guerras civiles inglesas en el siglo XVII es la abolición de la Navidad, auspiciada por el dictador regicida, Oliver Cromwell.
Durante 13 años, en Londres no se pudo entonar un villancico, colocar una guirnalda o preparar un copioso festín para celebrar el nacimiento del Niño Dios.
A mediados del año 1645, un movimiento antinavidad comenzó a fraguarse entre el ala más purista de la sociedad que consideraba inmoral cualquier celebración externa a los servicios religiosos.
Justo dos años después, el Parlamento inglés declaraba ilegal los actos asociados al Día del Jolgorio de los Paganos, como se…
Autor: ReL
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