Soy de aquellos a quienes el cambio en el Padrenuestro, cuando de perdonar deudas pasamos a perdonar ofensas, dejó algo perplejo. Y por supuesto que me parece magnífico perdonar ofensas, pero cuando me paro a pensarlo con un poco de atención, me parece que, aunque similares, una ofensa no es lo mismo que una deuda. Y por otro lado, lo cierto es que la oración del Padrenuestro, tal y como la enseñó Jesús a sus discípulos y fue recogida y transmitida, habla de deudas. Creo también que, como norma general, nunca me ha parecido buena idea cambiar las palabras que hemos recibido como directamente pronunciadas por Cristo.
Debo confesar, no obstante, que tampoco le había dado muchas más vueltas al asunto. Hasta que me topé con un librito de Simone Weil precisamente sobre el Padrenuestro; una serie de reflexiones, breves, sobre esta oración que la filósofa francesa…
Autor: Jorge Soley
¿Cómo rezar cuándo nos abruma las preocupaciones?
Las emociones que acompañan a las crisis son a menudo descritas como una sensación similar a olas gigantes rompiendo tú alrededor. Por eso, en sus Ejercicios Espirituales, San Ignacio de Loyola proporcionaba el…
Impresionantes evidencias de la presencia de Dios en el vino y el pan
Desde hace muchos años han ocurrido manifestaciones de Dios en el momento de la eucaristía. Se han desencadenado una serie de fenómenos, en diversos países de todo el mundo que…
Cómo afirmar la veracidad de los evangelios
Hay una técnica muy utilizada por los detectives para encontrar información que les ayude a armar el cuadro completo de una escena, es el Soporte Involuntario entre Testigos. Esta técnica…



















