Del ser místico esponsal de la Iglesia deriva, por consiguiente, su ser maternal. La Iglesia también debe considerarse como madre fecunda que engendra nuevos hijos ―los miembros del Cuerpo Místico―, nutriéndolos mediante el bautismo, la eucaristía, el resto de los sacramentos, la Palabra de Dios y, en definitiva, la gracia sobrenatural, para que lleguen a ser santos.
Autor: Jaime Mercant Simó

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