Así como las semillas producen frutos para sustento y alegría de los hombres, así también corresponde al género humano acoger la semilla de la Palabra de Dios, para producir frutos de virtud y santidad.

Redacción (16/06/2024, Gaudium Press) Qué hermosa debe ser la escena de una predicación de Jesús. Ya sea en la cima de una montaña, a orillas del mar, o incluso sentado en una barca sobre las olas, no había lugar donde su voz y sus gestos no hablaran profundamente a los corazones.
Recogiendo elementos simples de la vida cotidiana, Nuestro Señor desarrolló enseñanzas profundas y accesibles para el alimento espiritual de todos. De hecho, nada era más importante para la sociedad rural de aquellos tiempos que ocuparse de las semillas…
La potencia interior de una semilla
Los Padres de la Iglesia, en general, siempre interpretaron la figura del Reino de Dios como una…
Autor: Saúl Castiblanco
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“No basta ser santo ante los hombres, sino que hay que serlo delante de Dios. ¡Recen por mí!”. Palabras impactantes del Monseñor Marengo, Obispo de Carrara, a una religiosa de María Auxiliadora…
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