Por Steven Jonathan Rummelsburg
Si envía a sus hijos a una escuela católica, debería preguntar al director o a un profesor si pueden responder a dos preguntas: «¿Qué es una persona humana?» y «¿Cuál es el propósito de la educación?».
Lo más probable es que escuche hablar de «habilidades del siglo XXI», «socialización» o «preparar a los alumnos para trabajos que aún no existen». Así, a pesar de los crucifijos en las paredes y de las clases de religión, sus directores y profesores, por lo general, no pueden decirle qué es un alumno ni para qué sirve en último término la educación.
Esto no es un fracaso individual. Es el resultado inevitable de lo que correctamente se denomina la Gran Abdicación: la eliminación sistemática de las causas formal y final del marco teórico de la educación moderna.
Siguiendo un esquema que se remonta a Aristóteles y que fue…
Autor: The Catholic Thing
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