Hay una escena que se repite millones de veces cada mañana: suena el despertador, abrimos los ojos y durante unos segundos comienza una pequeña negociación de la que nadie más tiene noticia. La cama tiene sus argumentos y, en ocasiones, bastante convincentes; el día, en cambio, espera al otro lado con sus obligaciones. Todavía queda sueño, la habitación está caliente y la tentación de quedarse unos minutos más resulta perfectamente razonable. Pero también sabemos que hay que levantarse. Parece una disputa de poca importancia, pero se parece bastante a otras que tendremos después, algunas de ellas mucho más serias. Sabemos lo que queremos hacer, sabemos incluso lo que deberíamos hacer, y aun así no siempre hacemos lo uno ni lo otro. Entre esas dos cosas aparece la fuerza de voluntad.
Autor: Matilde Latorre de Silva
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